Un epitafio...
Aquí descansa el cobarde
que tentando a la vil suerte
pidió susto, mas la muerte,
será quien sus días guarde.
Firmes pues con el demonio,
con la virgen, o los dos,
désta no te libra dios
como que me llamo Antonio.
Ante el sonido de la mano quieta, el viento la zarza sujeta. Aire que viene y que va.
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