Qué coño Haikus, tercetos epigramáticos de toda la vida de dios...
Tormenta en la mente inquieta.
Sólo tras la tempestad, llega la complementaria calma.
Y así es como en el silencio se escucha el rumor del alma.
Ante el sonido de la mano quieta, el viento la zarza sujeta. Aire que viene y que va.
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