A la plaza
Se desdobla, muere, y cómo no, regresa. En los campos de Castilla renace, mostrando desde mamón la casta del toro de lidia. ¿Su nombre?: Doscojones. Choto, añojo, eral, utrero, cuatreño, cinqueño... Y a la plaza, al castigo, a desdoblarse, al bel morir que tutta una vita onora, que dicen por ahí los de la latiniparla, para después, cómo no, regresar, esta vez en el cuerpo de un ave paradisíaca, del mismo color que la que tiñó el albero.
El dolor es sensación, igual que el placer. Si evitamos el apego a la sensación entenderemos que la sensiblería lastimera está de más. Sólo se mueren millones de veces, y puedo decir sin miedo, y después de cierta búsqueda interior, que me aterra el dolor ante la muerte. Pero aun así, será únicamente dolor, el resto es desapego y aceptación. Eso sí, no es, ni será, tarea fácil.
(23 de noviembre de 2005)


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