El rincón de Ganesh
Ante el sonido de la mano quieta, el viento la zarza sujeta. Aire que viene y que va.
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Un humano se cruzó
con el alma de una urraca,
y al ver hueco en su buchaca
codicioso la robó.
¿Y sabes lo que pasó?,
que la acción cuando es bellaca
defendiéndose te ataca,
y al humano lo atacó.
La avaricia por el brillo
del metal blanco amarillo
contagió a la humanidad,
y el humano volandero
para que brille el dinero
creó la publicidad.
ÁBRETEdepatas SÉSAMO - Episodio I
Queridos niños, hoy vamos a hablar de la deuda.
La palabra deuda proviene de otra palabra, estamos seguros de ello porque nuestra lengua no es oficial a efectos históricos, como sí lo fueron el mesopotámico o el atlántido que fueron inventados para sustituir a los gruñidos. ¿Pero de cuál entonces proviene?, ah, no sé. Lo que sí sabemos es que la deuda se establece cuando alguien te da algo, pero lo que es más importante, no te lo regala y pide algo a cambio pero tú le dices que ya se lo darás. Queda por tanto establecido el paradigma: si intercambiamos en el momento, no hay deuda.
Una vez que queda claro lo que no es deuda, deuda tendría que ser todo lo demás, ¿sí?, pues no, un pingüino no es deuda. Así que volvamos al tema. En los albores de los tiempos, era obvia una relación de confianza entre las partes, algo así como te cambio un mamut que voy a cazar por dos jirafas que ya has cazado porque necesito la carne para llegar hasta donde están los mamuts, teniendo siempre en cuenta por tanto que un mamut era el doble que dos jirafas y se tardaba lo mismo en conseguir uno del primero que dos del segundo, aunque el cálculo fue aproximado hasta que llegó el Pitágoras y pudieron poner en ángulo recto los cuellos de las jirafas para calcular el cuadrado de la picha del mamut.
Pero como no todo el monte es orégano, ya que si lo fuera seríamos pizzas, un día a uno se le ocurrió pedir algo más a cambio, es decir, además del mamut me vas a dar... y queridos niños, como el cazador se vio en la necesidad, he aquí que tenemos al primer banquero de la historia: el inventor del lucro, Rock-efeler, primo hermano de Pedro Picapiedra.
Desde aquel momento, debido a que al tal Rock-efeler no le cortaron los cojones - como previamente a otros probablemente sí pero nuestro cazador era un nenaza -, el Rock comenzó a acumular riqueza. El cazador era un nenaza pero se le ocurrió hacer lo mismo con otros, y de esta forma, con lo que él obtuvo del banquero no sólo obtuvo el mamut sino también dos impalas. Así pudo pagar al banquero y, descubridor del refrán El que parte y reparte se lleva la mejor parte, se denominó a sí mismo listo inventando a la vez a los tontos y la palabra epíteto, palabra tan transformadora que el abracadabra parece a su lado del Magia Borrás y con la que inexplicablemente, pasando por amo y esclavo, han acabado llegando los primeros a ser empresarios y los segundos trabajadores. Y viendo la tremenda utilidad de la palabra en cuestión, hicieron de ella uso los banqueros para llamar dinero a jirafas, impalas y mamuts, dando también valor a las cosas brillantes, lo que indica claramente que en este punto histórico hubo un cruce de humano con urraca.
Sin embargo y retomando el tema que nos ocupa, viendo que de vez en cuando había algún díscolo que, sin querer ser ni listo ni tonto y saltándose la exigida relación de confianza por el arco del triunfo, decidía pagar en todo caso lo justo o incluso obviaba el pago de la deuda, los banqueros decidieron inventar algo para espabilar al que rompía esa relación, así como financiar, porque ellos sólo ponían pasta, la Roca Cola, puesto que en aquellas reuniones y a causa de su decrepitud prematura - se era viejo a los quince - se les secaba mucho la boca.
Lo primero que se inventaron fue la mano de hostias, así que no queráis pensar qué le debía el Jesucristo al Caifás para que lo que se comen los católicos se haya quedado con ese nombre. Sin embargo esta solución era poco efectiva y raramente el banquero recibía el pago de la deuda, ya que al quedar el deudor hecho un ecce homo se le hacía dificultosa la interactuación con el medio laboral. La pregunta por tanto estaba en cómo trincar de las pelotas al trabajador endeudado con el empresario, y al empresario endeudado con el banquero. Y así, inventaron al político, o ser insustancial dedicado a la creación de leyes estúpidas para trincar de las pelotas a trabajadores y empresarios.
El político, que es por tanto el que hace las leyes que le mandan los banqueros, se dedica a hacernos creer que él también manda, de forma que el banquero siempre tenga más de donde sacar pero que no se note mucho. Y sabiendo de la naturaleza humana a la cuál la mano de hostias le sienta fatal, los políticos inventaron a los policías y jueces, que utilizando los epítetos se presentaron a trabajadores y empresarios como los vigilantes de su seguridad en lugar de como los perros guardianes del sistema bancario. El concepto su seguridad por tanto es algo a tener muy en cuenta, queridos niños.
Ahora nos encontramos en pleno siglo XXI y yo quiero plantar tomates para intercambiarlos por jirafas, perdón, por dinero que ya hemos pasado de época. ¿Puedo hacerlo así tal cuál?, independientemente de la dificultad del crecimiento del tomate y de la mafia murciana tomatera, fijo que de entrada me tengo que enfrentar a las estúpidas leyes de los políticos, creadas para que el banquero saque lo suyo. Es decir, tal y como esto está montado, seguro que necesito dinero para poder vender mis tomates. La ley me va a obligar, seguro cien por cien, a que no sea suficiente con buscar un terreno y plantar los tomates, sino a tener que implementar medidas que, utilizando los epítetos, sirvan para su seguridad, y que sólo las pueda implementar comprando ya permisos, ya pesticidas, ya lo que sea. Y así, si yo no tengo dinero, como no soy capaz de crearlo de la nada, tendré por obligación que endeudarme para subsistir con mis tomates.
Es por tanto el que crea el dinero el que controla el sistema, ¿dónde se crea el dinero pues?, he ahí la pregunta del millón de mamuts, digo de dólares. De esto, y del tipo de interés, que obviamente no podía ser más que un banquero el que trajera al mundo este concepto epitético por demás, hablaremos en el próximo episodio de ÁBRETEdepatas SÉSAMO, mientras tanto no olviden supervitaminarse y mineralizarse.
Banquismo
Sin la mínima cautela,
tras cuatro años perdidos,
los políticos partidos
se turnan la pasarela.
El elector se consuela,
y los demás, abducidos,
no jodiendo y sí jodidos
se tragan la corruptela.
Vengan de uno u otro flanco
se beneficia al del Banco
y a su cueva de ladrones,
y aunque sé del no-actuar
ya no pienso ni aguantar
una avispa en los cojones.
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